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Desarrollo de los hijos
La adolescencia

Por: María Cristina de Hidalgo ©
cris@cable.net.co
  1. Características básicas de esta fase

La adolescencia es la tercera etapa del desarrollo evolutivo de la persona y va desde los 11 años hasta los 19, edad en que comienza la fase adulta. Marca la transición entre la infancia y la madurez, por lo cual es una época de grandes cambios y procesos complejos, crucial para todo ser humano.

Es una etapa generalmente difícil, tanto para los jóvenes como para sus padres y educadores y debe enfrentarse con amor y paciencia, a partir de un profundo conocimiento de sus características e implicaciones.

Los intensos cambios hormonales que se dan en el adolescente dan origen a grandes transformaciones físicas, psicológicas, emocionales e intelectuales, es decir, en todas las dimensiones del ser humano, generando una verdadera revolución en su vida, como paso de la dependencia de la infancia a la autonomía del adulto.

En esta fase los jóvenes comienzan a pensar, sentir y actuar diferente a cuando eran niños, muchas veces en actitud de rebeldía frente a los padres y en un aparente rechazo que, en cierta forma, es necesario para que puedan fortalecer su propia identidad independiente.

  1. Aspecto físico

El desarrollo fisiológico se acelera y los niños dejan su aspecto infantil para ingresar en la pubertad, con la menstruación en las mujeres y el cambio de voz en los hombres, además de otros caracteres propios de cada sexo y de la edad adulta.

El ritmo de evolución varía en cada adolescente y genera en ellos inseguridad y sentimientos, vivencias y sensaciones confusos y contradictorios. Hay en ellos excesiva preocupación por su aspecto físico con la consiguiente ansiedad cuando tienen problemas, por ejemplo, de obesidad o cuando éstos son más bien por ser delgados; presencia de acné; desarrollo lento, etc..

La sexualidad es un tema de vital interés en esta época y de ahí la importancia de que los padres de familia y los maestros les den, desde pequeños, una adecuada formación e información en este aspecto, ya que los jóvenes que ingresan más temprano en este tipo de experiencias se hallan más expuestos a los embarazos no deseados o las enfermedades de transmisión sexual.

Algunos, por los cambios orgánicos que viven, tienen tendencia a la depresión o al exceso de sueño.

  1. Desarrollo emocional

Puesto que en esta edad ya no se es niño, pero todavía no se llega a adulto, el joven vive en una ambivalencia permanente entre comportamientos a veces infantiles y una apariencia progresivamente adulta, en una lucha constante por alcanzar su independencia sin poder aún desprenderse de la tutela paterna.

Cada vez se distancia más de los padres y se acerca más a los amigos, intentando liberarse lo más posible del control de aquellos y dejándose influenciar enormemente por estos últimos

El adolescente sufre variables estados de ánimo, fluctuando impredeciblemente entre sentimientos positivos y emociones negativas, a veces sin motivo ni razón.

Los desacuerdos con los padres suelen ser frecuentes pues, en su búsqueda de autonomía, se molestan ante cualquier restricción de su libertad o de su capacidad de decidir por sí mismos.

Se da en él una intensa búsqueda de sí mismo, tendencia a socializar y a fantasear, afán por encontrar su lugar en el mundo.

  1. Principales problemas
  • Uno de los principales problemas en esta etapa es el de la rebeldía. Los adolescentes se oponen a menudo a todos y a todo, riñen con las normas y pautas establecidas por sus padres, rechazan el control que éstos quieren ejercer sobre ellos, son muy críticos con la sociedad, con la religión, etc., como forma de forjar la autonomía que buscan.
  • Necesitan consolidar una buena autoestima pero esto no es fácil, puesto que los cambios, sensaciones y emociones que sufren les generan inseguridad y socavan la confianza en sí mismos que necesitan con urgencia.
  • Si los padres y profesores no los ayudan a prepararse y formarse adecuadamente, existe el riesgo en esta etapa de caer en experiencias perjudiciales en torno al sexo, a la droga entre otras, puesto que los jóvenes se sienten atraídos por el peligro y lo desconocido, especialmente por el afán de imitar a sus amigos o a los modelos falsos que les presentan los medios de comunicación, por ejemplo.
  • Los adolescentes que van en contra de la ley o cometen actos delicuenciales lo hacen generalmente influidos por una cultura familiar inadecuada, especialmente cuando han vivido en medio del desamor y la violencia.
  1. Consejos prácticos para padres y educadores
    • Lo fundamental en esta etapa es tratar siempre con amor al adolescente. Llenarse de comprensión, paciencia y conocimiento sobre esta fase es clave para superarla constructivamente, ya que tarde o temprano pasará. Amarlo a pesar de todo, haga lo que haga, considerándolo como la persona valiosa que es, aunque a veces su modo de actuar no sea el más adecuado según nuestros criterios.
    • Es indispensable respetar al adolescente como alguien que empieza a ser capaz de tomar decisiones por si mismo y bajo su responsabilidad, tener autonomía y comenzar a tomar la vida en sus manos. Considerarlo como un ser humano único, especial, que tiene sus propias características y que tiene su propio destino, el cual, asimismo, habrá que aceptar y apoyar.
    • Mantener una buena comunicación, un diálogo permanente, calmado y lleno de interés por el joven, para ayudarle a manifestar todo lo que piensa, siente y sufre, y estar al tanto de su vida, sus compañías, comportamientos y actividades en todo momento, aunque es frecuente que él quiera mantenerse hermético frente a los padres o profesores.
    • Es indispensable ayudarlo a encontrar todo lo valioso que posee como persona, elogiarlo, ver en él más lo positivo que estar señalándole lo negativo o criticándolo. Es necesario confiar en él, delegarle tareas, darle responsabilidades, permitirle opinar y aportar ideas, darle importancia a cuanto dice, piensa, siente y hace.
    • No renunciar completamente al control sobre los adolescentes, ya que ellos, en el fondo, necesitan límites, derroteros claros, normas, guías y valores que les muestren el camino correcto y les den seguridad. Como dice el terapeuta Bert Hellinger, debe establecerse en todo momento un orden y una autoridad: los padres y los maestros son los mayores y los jóvenes, hijos y alumnos, son los menores, y deben honrar a aquellos, respetarlos y acatarlos.
    • En el manejo de los hijos, los padres tienen que estar de acuerdo y apoyarse el uno al otro. Es muy perjudicial cuando un padre se alía con su hijo contra el otro padre o le habla mal de él, lo desautoriza o lo hace confidente de los problemas de pareja. En ninguna etapa los hijos tienen por qué involucrarse en la relación matrimonial ni ser víctimas de los conflictos que surjan. En la adolescencia, ellos tienen suficiente con sus propios problemas, angustias y preocupaciones, y no tienen por qué asumir cargas que no les corresponden y que les pertenecen a sus padres.
La adolescencia es una etapa fundamental y maravillosa que los padres y educadores pueden aprovechar, gozar y ayudar a disfrutar a los jóvenes y no como ocurre muchas veces, padecerla como un tormento.

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