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UNA GOTA DE AMOR

LUIS FERNANDO CANIZALES M.
Médico Veterinario Zootecnista
Universidad de Caldas

 

Tres hombres cansados de ver como la humanidad se encargaba de destruirse con los problemas sociales, económicos y ambientales, se propusieron salir en peregrinación por el mundo en la búsqueda de una solución, pues lo que estaban viendo era el inminente paso a la extinción del hombre de la faz de la tierra.

Después de algún tiempo y en la mitad de un camino que conducía al mayor centro de peregrinación de la humanidad, se encontraron con un ángel que les propuso darles la oportunidad, a cada uno, de hacer una petición que llevara la salvación a la humanidad. Sorprendidos los peregrinos se miraron entre sí, acogieron la propuesta y sin debate alguno acordaron el orden en el cual cada uno haría la petición.

Comenzó, entonces el primero, un hombre alto, delgado, de caminar seguro, ropas finas y hablar muy seguro. Inició diciendo que para él la solución estaba en unir todo el poder y la voluntad en un solo hombre. Dicho esto el ángel le concedió el poder y la voluntad de manejar el destino de la humanidad.

El hombre empezó a vivirlo de esa manera y observó como toda la humanidad obedecía sus deseos y él cumplía con cada una de las necesidades de los habitantes de la tierra; pero al pasar el tiempo este hombre notó que hacía falta quien le colaborará en sus labores, que no tenía tiempo para disfrutar de su poder y voluntad, que trabajaba sólo para mantener a la humanidad y los demás solo esperaban que hablara y ordenara que había que realizar. Entonces, nombró un representante para cada región natural de la tierra; así pudo descansar un poco delegando su poder y voluntad. Paulatinamente cada representante fue sintiendo igual necesidad de disfrutar de ese poder y voluntad que le había sido delegado y fueron nombrando subalternos para delegar funciones y con el tiempo este poder se fue delegando de tal manera que la humanidad volvió a sentir la envidia, el resentimiento, el dolor y la angustia de parte de quienes no tenían el poder y voluntad delegada; y quienes tenían el poder solo sentían codicia, deseo de explotación, de tener más, de acumular riqueza por encima de cualquier sentimiento y entonces la humanidad comenzó a destruirse nuevamente. En este momento, el primer hombre en pedir su deseo, despierta y vuelve a la realidad.

Una vez despierto, llora desesperadamente, se arrodilla y pide perdón a Dios por haber desperdiciado la oportunidad que se le había dado. Uno de sus amigos le abraza y le dice: “Tranquilo tu fracaso no es fracaso, sencillamente es la oportunidad de poder mostrarte como yo tengo la solución”. Seguidamente el ángel le ofrece la oportunidad de expresar su deseo.

El segundo hombre, alto, gordo, de caminar rápido y afanoso, cara redonda y nariz pronunciada, con gafas pequeñas, sosteniendo su barbilla con la mano derecha le dice al ángel: “mi solución es que me des la oportunidad de recoger toda la riqueza del mundo en un solo lugar y que cada hombre reciba una parte igual de esa acumulado”. Luego de escuchar el pedido el ángel le da su oportunidad de vivir su deseo.

Efectivamente, en algún lugar del mundo es reunido todo lo que representa valor económico para la humanidad, se realiza un censo para determinar el numero de personas que habitan la tierra y la proyección de las que nacerán en los próximos años, y unas vez obtenidas estas cifras el hombre entrega a cada ser humanos sobre la tierra el equivalente correspondiente, sin faltar a su palabra.

Sorprendida la humanidad de ver que todos poseían el mismo valor de riqueza, se sintió tranquila por un tiempo, pero comenzó la necesidad de comprar un poco más de lo que no tenían por si pasaba algo y quienes compraron gastaron lo que tenían, los que vendieron obtuvieron más de lo que le entregaron. Algunos sintieron que trabajaron mucho en la vida y que a su parecer habían recibido muy poco con relación a otros que no lo habían hecho tanto, sintieron envidia y robaron a los demás logrando acumular mayor riqueza. Otros escondieron lo que le dieron y pedían a quienes tenían buen corazón y utilizando el sentimiento de los demás les quitaron lo que tenían y reunieron mucha riqueza para si mismo. Se formaron entonces grupos de personas que buscaban como obtener lo que otros tenían y utilizaron la necesidad y el deseo como método para estimular el ego de los demás y logrando que gastaran su riqueza en beneficio de aquellos que fabricaban estos productos y los vendían a los “necesitados”. Quienes quedaban sin riqueza comenzaron, algunos, a matar para robar y poder obtener con que sobrevivir; otros fueron donde los acumuladores de riqueza y se vendieron como esclavos; otros ofrecieron su fuerza de trabajo en las fábricas que organizaron los grupos de personas. Así, la humanidad retornó a la condición de mucha pobreza para unos y de mucha riqueza para otros muy pocos, reapareció el desespero, el hambre, las muertes y el desequilibrio socioeconómico que conllevó a guerras y exterminio de la humanidad. Cuando esto pasaba el ángel despertó al segundo hombre, quien en medio del llanto abrazó y pidió perdón al amigo que había pedido el primer deseo, le confesó que ahora sabía que se sentía perder la oportunidad de salvar la humanidad y tendido en el suelo oró al Padre para solicitar su misericordia.

Mientras todo esto pasaba, el hombre más pequeño, de rasgos nativos, cabello lacio, cara redonda y ojos rasgados, se hallaba inclinado en dirección del sol y en actitud de oración, en respeto hacia sus compañeros no pronunció palabra alguna. El ángel lo miró y le dijo: “Acaso has sentido temor al fracaso de tus compañeros?; tienes la última oportunidad de salvar la humanidad, cual es tu deseo?”. El pequeño hombre, inclinando la cabeza y juntando una mano con la otra las llevó a su corazón y le habló muy suavemente al ángel, diciéndole: “Gracias Padre por enviarme esta oportunidad. Como yo no conozco de normas, leyes ni números, como tampoco he tenido riqueza material; solo te pido me regales una gota de amor para ser distribuida en toda la humanidad”. Una vez terminó se arrodilló y bendijo a Dios en nombre de todos los hombres de la tierra.

Cuando terminó su petición, sus dos amigos se miraron entre sí y lanzaron una mirada de asombro a su compañero, exclamando: “no podemos creer lo que has hecho, ahora si estamos perdidos; como pudimos confiar en ti”. El ángel sonrió, tomó de mano al pequeño hombre lo levantó y lo llevó a vivir su deseo.

Una vez que le fue otorgado su deseo, el tercer hombre realizó un censo y determinó el número de habitantes de la tierra, proyectó los que nacerían en los próximos años y repartió la pequeña gota rosada de amor entre todos. Al comienzo los hombres no sabían que pasaba, pues los que sentían desanimo para sus labores comenzaron a identificarse con su ocupación y se propusieron a realizarla con mucho empeño, logrando ser felices a través de su trabajo; quienes se ocupaban todo el tiempo en trabajar encontraron que sus compañeros se ofrecían a ayudarlos, tornando su tarea mas productiva y menos exhausta, logrando ocupar más tiempo en su familia y hasta encontraron la necesidad de dedicar tiempo a la oración. Otros que tenía mucha riqueza comenzaron a sentir necesidad de compartir lo que tenían con quienes no poseían nada y descubrieron que su verdadera felicidad estaba en descubrir todo lo que tenían en su interior; los que nada tenían descubrieron, al igual que quienes mucho habían tenido, que no necesitaba recibir la riqueza que otros les daban, también aprendieron a descubrir que su verdadera riqueza estaba en su interior y que al encontrarla se sentían felices. De esta manera ya no hubo ni ricos ni pobres; los que fabricaban productos para satisfacer “necesidades” no encontraban a quien vendérselos y tocados por la gota de amor ya no sentían esa necesidad de tener más que los demás y optaron por dejar su necesidad de riqueza. Cesó entonces la explotación indiscriminada de las entrañas de la tierra, no era necesaria explotar el oro y los metales preciosos, el petróleo y otros productos combustibles; los hombres sintieron por primera vez el dolor de la tierra por las heridas provocadas por el hombre en su carrera desenfrenada de “desarrollo” y se propusieron encontrar su curación; produjeron alimento natural sin químicos, al respetar el equilibrio de la naturaleza esta respondió mejorando sus condiciones climáticas y así se pudo programar la siembra y la cosecha sin el peligro de eventos naturales intempestivos, se calmó el hambre de la humanidad.

Las familias se regocijaron entre ellas, encontraron el abrazo de unos a otros como una forma de conectar el corazón del semejante con el propio y a través de la oración, la comunicación con el corazón del Padre-Madre Dios.

A finales del tiempo se logró el respeto, la convivencia, la solidaridad, el desapego, el silencio, la tranquilidad, la salud y sobre todo, el hombre, comprendió que el mejor acto de amor es entender que la muerte física es la liberación del espíritu para el encuentro amoroso con el Espíritu del Padre.

Cómo saber si aquel pequeño hombre fue despertado de vivir su deseo?, Sólo aquel que permita la entrada de una porción de esa gota de amor en su corazón podrá conocer el verdadero final de aquel hombre que tenía la última oportunidad de salvar la humanidad.
Te gustaría conocer ese final?

Por la gracia y la voluntad del Padre.

LUÍS FERNANDO CANIZALES M.

 

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